Entorno Económico

El entorno en que se desarrolló la negociación bursátil, en el 2017, tuvo dos contextos muy diferenciados. En el ámbito nacional, si bien la economía peruana tuvo un crecimiento aceptable, sustentado en el desarrollo del sector primario, las inversiones se vieron afectadas por el ruido político, ante los continuos desencuentros entre el poder ejecutivo y legislativo y las noticias de corrupción por el caso Odebrecht, lo que generó un clima de desconfianza e incertidumbre. A esto se sumó el Fenómeno de El Niño, que produjo importantes daños en la costa norte del país.

En el plano internacional, el escenario fue más favorable, dado que el ciclo de recuperación de la economía mundial se fortaleció en el segundo semestre del año, estimándose que la expansión global habría alcanzado el 3.7%. Si bien el crecimiento fue generalizado, se debe destacar el inesperado impulso que experimentaron las economías de Europa y Asia. En el continente europeo los resultados fueron

alentadores y evidenciaron una notable recuperación, se estima que la economía de la zona euro habría crecido en 2.4%, destacando las proyecciones para España (+3.1%) y Alemania (+2.5%). Luego de los temores y el pesimismo que generó el brexit, las medidas adoptadas por el Banco Central Europeo (BCE) y el adecuado manejo de países líderes como Francia y Alemania, promovieron un clima de optimismo y estabilidad, que estimuló la confianza de los consumidores e inversionistas.

Respecto a la economía de China, se alejaron los temores después de que, en el 2016, su PBI registrará el peor resultado de los últimos 25 años (+6.7%). Así, a pesar de que los pronósticos de inicios de año apuntaban a una nueva ralentización, las medidas de estímulo, fiscales y monetarias, impartidas por el gobierno de Xi Jinping, permitieron un desarrollo estable, junto al auge de la construcción y la demanda mundial de sus exportaciones, estimándose un crecimiento de 6.8%.

A pesar de los pronósticos en el gobierno de Xi JInping, estos permitieron un desarrollo estable, junto al auge de la construcción y la demanda mundial de sus exportaciones, estimándose un crecimiento de 6.8%.

De otro lado, la economía norteamericana y Wall Street se vieron beneficiados por las expectativas positivas respecto a las medidas fiscales expansivas propuestas por el presidente Donald Trump, así como por el mantenimiento de una política monetaria relajada de parte de la Reserva Federal. Por ello, la casi totalidad de datos macroeconómicos superaron las expectativas de los analistas (el desempleo bajó hasta 4.1% y se proyecta un crecimiento del PBI de 2.3%), tendencia que se mantendría para el año 2018.

Es en este contexto que el banco central norteamericano (Federal Reserve System, conocido por su acrónimo FED) realizó tres alzas de su tasa referencial (en marzo, junio y diciembre de 2017), pasando del rango 0.50% – 0.75% al rango 1.25% – 1.50%. Dichos incrementos fueron asimilados de manera adecuada por el mercado, que de alguna manera los había incorporado en los precios de los activos. Inclusive, y a pesar de este escenario favorable, el índice del dólar DXY tuvo un ciclo negativo, depreciándose en 9.9% (su mayor pérdida de los últimos 14 años).

De acuerdo con las cifras oficiales disponibles, la economía peruana creció 2.5% en el 2017, tasa significativamente menor a la de los años anteriores: 4.0% en el 2016 y 3.3% en el 2015. En la evolución mensual se observa que el Fenómeno de El Niño costero afectó significativamente la producción nacional en los meses de febrero, marzo y abril. Según cifras del Fondo Monetario Internacional (FMI), las proyecciones muestran que América Latina creció 1.3%, por influencia de las tasas de México (2.0%), Brasil (1.1%) y la severa recesión de Venezuela.

El desarrollo de la economía peruana se sustentó en las actividades primarias. Así, en el sector Minería e Hidrocarburos (+3.19%), sobresalió la Minería metálica con un crecimiento de 4.2% debido al mayor volumen de producción del cobre (principal impulsor del crecimiento sectorial en los últimos tres años), seguido del zinc, molibdeno y hierro. Cabe destacar que el cobre, el molibdeno y el hierro registraron en el niveles de producción récord históricos.

El desarrollo de la economía peruana se sustentó en las actividades primarias así como en el sector Minería e Hidrocarburos.

El sector Agropecuario experimentó un crecimiento de 2.62%, debido a la mayor producción agrícola (2.58%) y al aumento de la actividad pecuaria (2.68%), favorecidas por la normalización de las condiciones climatológicas y la disponibilidad del recurso hídrico en algunas zonas del país. La Pesca se expandió en 4.67% debido a una mayor captura de especies marinas como la anchoveta, destinada a la fabricación de harina y aceite de pescado), y especies para consumo humano directo.

Otros sectores que contribuyeron significativamente a la producción nacional fueron: Otros Servicios (3.68%), Telecomunicaciones (8.02%), Construcción (2.20%) y Comercio (1.03%). Por el contrario, la Actividad manufacturera (que tiene la mayor ponderación dentro del cálculo del PBI global) descendió 0.27%, resultado explicado por la caída del subsector fabril no primario (-0.93%) afectado por la disminución de la industria de bienes intermedios.

Respecto a los precios de los metales, destacó el alza de precios del cobre y del zinc (alrededor de 30%), del oro (13%) y del plomo (24%) por la perspectiva de una mayor demanda y de restricciones en la oferta. Esto contribuyó a que el índice de términos de intercambio se incrementara por encima del 7%, permitiendo que la balanza comercial alcanzara un superávit de 6,266 millones de dólares, y triplicara la cifra del año anterior.

Por el lado del presupuesto del Estado, la recaudación tributaria cayó nuevamente, con lo que el déficit fiscal se elevó a 3.2% del PBI, que superó

ampliamente la cifra obtenida el año 2016 (2.6% del PBI) e incumpliendo la meta fijada por el MEF (3% para el 2017). Cabe destacar que en el Marco Macroeconómico Multianual se tiene previsto que el déficit pueda subir hasta 3.5% en el 2018 para luego, a partir del 2019, moderarlo para que se ubique en 1% (hacia el 2021).

La inflación que desde el 2014 venía registrando variaciones anuales que oscilaban entre 3% y 4%, evidenció a partir del segundo semestre del 2017 una ostensible caída, y cerró el año con una tasa de 1.36%, la más baja desde el 2009. Esta notable reducción fue atribuida a la reversión de los choques de oferta que afectaron a los productos agrícolas, la revaluación del sol, y la disminución de las expectativas de inflación.

Ante este escenario, y encontrándose dentro del rango meta de inflación contemplado (entre 1% y 3%), el Banco Central de Reserva del Perú (BCRP) tuvo una postura expansiva a lo largo del 2017, al recortar su tasa de interés de referencia en cuatro oportunidades, y llevarla de 4.25% a 3.25%. Adicionalmente, el ente emisor redujo las tasas de encaje en dólares con el objetivo de contrarrestar la desaceleración de la demanda del crédito.

En cuanto al tipo de cambio, nuevamente la moneda peruana se revaluó frente al dólar, obligando al BCRP a realizar compras netas por 5,246 millones de dólares para reducir la volatilidad. De esta manera, el tipo de cambio interbancario –que se cotizaba a 3.36 soles a fines del año pasado— cerró el 2017 en 3.24 soles por dólar.